viernes, 11 de junio de 2010

Reflexión sobre la discriminación

Al migrante lo excluyen, lo explotan, le aprenden, lo necesitan, lo promueven, lo denigran, lo aíslan. Él, sobrevive, resalta, se defiende, se agrupa, se camufla, en algunos casos pertenece y se acomoda, en otras desaparece y responde en silencio.

Para más claridad, podemos convenir que la palabra “discriminar” en su significado más llano es “seleccionar excluyendo”, que un sujeto político y social considere a otro bajo un carácter de inferioridad como “raro” porque en relación a éste tiene una diferencia cultural, de pensamiento, idiomática, o más extraño aún: color de piel. Esta clasificación entre sujetos perjudica cualquier forma de progreso o desarrollo de un ser humano, sobre todo al que llega, “el que no pertenece”.

El migrante parece dejar de ser discriminado cuando adopta camaleónicamente otro acento, formas de actuar, vestir, y pensar. Ahí nuevas formas de violencia:

La persona que llega por primera vez sin conocimiento del idioma, de las normas éticas y morales propias del país de destino, acompañado de sentimientos de angustia, pánico, nostalgia del país dejado, incertidumbre laboral, de salud y vivienda , puede reaccionar con sentimientos de resistencia: no participar políticamente, no aprender el lenguaje propio del país de llegada, o permanecer aislado viviendo del asistencialismo estatal o por actividades delincuenciales por muchos años.